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MUJERES LIBRES

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La historia que escribieron los vencedores, despreciaba  la importancia que el pensamiento libertario y el sindicato CNT tuvieron entre las trabajadoras y trabajadores de este país.
Si a eso añadimos que además, la gran mayoría de esos historiadores del régimen eran hombres, no debería extrañarnos el relato sobre el papel superficial e ilusorio que se atribuía a las mujeres anarquistas.
Nada más lejos de la realidad. Corría el año 1934 cuando algunas mujeres que se habían incorporado al mundo laboral y habían entrado en contacto con el anarcosindicalismo,junto a otras que contaban con formación académica e inquietudes sociales, fundaron el Grupo Cultural Femenino, la antesala de Mujeres Libres.
Sus objetivos eran sobre todo educativos (se estima que el 90% de la población femenina era analfabeta) pero también formar a las mujeres en la autoconfianza para que pudieran participar como iguales en la construcción de un mundo mejor. Por eso, las Mujeres Libres no renunciaron a su autonomía a pesar del apoyo de CNT, FAI, Juventudes Libertarias y los Ateneos.
Explicaban que no querían sustituir el dominio masculino por el femenino. Que sabían que tenían que trabajar y luchar juntos. Pero que no renunciaban a tener su propia organización para luchar por ellas mismas. Alentaban a las mujeres a defender su derecho al trabajo, es decir, a defender su autonomía económica. Y por este motivo, exigían que el varón se involucrara en las tareas domésticas y el cuidado de la prole. Propugnaban una escuela para la libertad en la que niños y niñas fueran enseñados juntos en la tolerancia. Criticaban la familia tradicional patriarcal y reclamaban otro modelo basado en la libertad, igualdad y solidaridad entre sus miembros.
Unas ideas demasiado transgresoras para la mentalidad de la época Hasta en el ambiente libertario, hubo reticencias contra esta organización que nunca fue reconocida como otras de las ramas del movimiento.
No entendían la necesidad de una lucha específicamente femenina porque, culturalmente y de forma inconsciente, reproducían el patrón de macho dominante que habían aprendido.
 
Su relevancia fue mucho mayor de lo que se nos ha contado. Fueron precursoras en la emancipación de la mujer e idearon una sociedad más progresista y justa que la actual.
Para MMLL la revolución debía socavar la tradicional dominación machista porque esta era la auténtica clave para poder transformar la sociedad.
 Desafortunadamente, su discurso, sigue teniendo absoluta vigencia. Aún queda mucho camino que recorrer para que las mujeres  seamos tratadas como seres humanos iguales y libres ante el hombre en lo relativo a temas primordiales como el laboral o familiar.
Aún nos queda mucho trabajo por hacer.

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