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Novela (Capítulos séptimo y octavo)

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                                                                    CAPÍTULO SÉPTIMO

 

 

Gilabert avanzó por los lóbregos pasillos de la cartuja detrás del frailecillo. Éste, le obligaba a caminar con el máximo sigilo, exagerando cómicamente las precauciones para no ser vistos.

 

Se detuvieron ante la puerta de una de las celdas, situada al fondo de un umbrío corredor. El monje llamó tímidamente con los nudillos y una voz seca y cavernosa les franqueó la entrada.

 

La estancia estaba entre tinieblas. Apenas unos rayos penetraban por la diminuta claraboya situada en la pared, encima del camastro. Angulo estaba sentado de espaldas a esa luz , en una vetusta mecedora y tapado con una manta que lo envolvía casi por completo. El detective pensó que si no se acercaba lo suficiente no podría ver el rostro de su interlocutor, y eso le molestaba mucho. En su oficio es más fiable interpretar los rostros de la gente que sus palabras. Hay que ser un contumaz actor para controlar no solo la voz, sino también el gesto. El buen observador puede descubrir al mentiroso, a no ser que éste posea talento para la interpretación y el autocontrol o… sea un psicópata.

 

El hombrecillo que les había servido de mediador musitó que volvería en una hora y los dejó solos. Gilabert intentó aproximarse al anciano pero éste le detuvo:

 

  • Manténgase donde está por favor.- Y en ningún momento sonó como una sugerencia. Era una orden.

  • Discúlpeme, soy un maleducado.- dijo Gilabert en tono amable.- En primer lugar debo presentarme. Mi nombre es Pablo Fernández. Se que no le sonará de nada pero sí el nombre de mi tío, Heráclio Silva.

  • No recuerdo haber conocido ningún sobrino suyo. Ni durante el tiempo que duró el proceso ni en el funeral apareció ningún familiar suyo exceptuando su mujer y su hija, claro está.

  • Estoy avergonzado, pero tiene toda la razón. ¡No sabe lo tremenda que fue la presión social que mi familia soportó en aquellos días! Actuamos con cobardía y ese es uno de los motivos que me ha traído a verle.

  • ¿Y tú de quién eres hijo? Que yo sepa Heráclio no tenía hermanos y sus padres habían muerto siendo él adolescente.

 

Gilabert se odió a sí mismo por no haber preparado bien esta entrevista para darle más credibilidad a su papel. No sabía si el anciano “chocheaba”, pero desde luego iba a ser un hueso duro de roer.

 

  • Soy hijo de una prima-hermana de Heráclio por parte de madre. Ellos se relacionaron mucho durante la infancia y siempre se guardaron un gran afecto. Aunque apenas mantuvieron relación, mi madre me educó en el cariño y respeto por ese tío al que solo vi media docena de veces a lo largo de mi vida.- El detective miró a hurtadillas hacia el cartujo. Este continuaba meciéndose suavemente, como si no le importara nada de lo que hablaban.

 

Gilabert, observó que el fraile mantenía algo agarrado entre las manos. Aguzando la vista pudo distinguir que se trataba de un libro con tapas de cuero negras, muy desgastadas. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo adivinar la menuda silueta de Angulo debajo de la manta. Sin saber por qué le decepcionó su tamaño. Por la autoridad que emanaba de su voz no se podía deducir que pudiera tener un aspecto tan enclenque.

 

  • Mire… ¡déjese de pamplinas! Heráclio Silva no mantuvo ninguna relación afectiva con nadie de su familia desde que murieron sus padres.- Hizo un breve mutis y prosiguió: - Se avergonzaba del origen humilde de su familia. Decía que solo los miserables viven en la miseria. Durante su juventud alternó con personas influyentes. Aprendió a serles útil, y ellos se lo agradecieron suministrándole fuentes de lucro personal. En el mundo de Silva no había lugar para familiares proletarios y famélicos. Cortó todos sus lazos familiares porque sus raíces solo le provocaban desprecio.

  • ¿Puedo sentarme en esa silla?- Dijo Gilabert señalando un asiento de mimbre justo detrás de la mecedora del anciano.- He hecho un largo viaje y estoy reventado.

  • Puede sentarse.

  • ¡Usted gana! Le voy a ser sincero aunque me cueste que me echen a patadas de aquí.

  • Eso no será necesario. ¡Hable de una vez!

  • He llegado hasta usted siguiendo una pista. Soy detective privado y trabajo para alguien muy interesado en Silva.

  • ¿Y de qué forma puedo ayudarle yo? - Las palabras del cartujo resonaban fieras e imperativas.

  • En realidad, no estoy seguro. Usted fue su amigo amén de su consejero espiritual. Nadie en el mundo puede conocer mejor sus más íntimos secretos.

  • ¿Y cuál de esos íntimos secretos pretenden que yo le revele?

  • Mi cliente necesita saber varias cosas pero la que más le preocupa es una en concreto: Conocer las circunstancias de la muerte de Silva de boca de un testigo de los hechos

  • Y… ¿Puede saberse a qué viene esa morbosa curiosidad?

  • Digamos que mi cliente duda de la veracidad de esa muerte. Para ser más exactos: Mi cliente cree tener la seguridad de que Silva continúa con vida. Ha tenido indicios de que esto pudiera ser así y me ha mandado hacer unas pesquisas para descartar esa posibilidad.

  • ¡Eso es una locura! —El monje alzó su poderosa voz y volvió el rostro hacia Marcos. Se encontró con unos rasgos esqueléticos y diminutos. En mitad de ese rostro unos ojos negros y profundos emergían como engarzados de su cráneo.

  • ¿Estaba usted presente el día de su muerte?, ¿Puede contarme lo que pasó?

  • Heráclio había estado conmigo en la capilla toda la tarde. - Hablaba despacio, como en un ensueño en el que pudiera ver las escenas delante de sus ojos.- Regresó al comedor común a la hora de la cena. Allí tuvo un altercado con su compañero de celda.

  • ¿Qué pasó?

  • El otro le recriminó algo, y Heráclio le contestó hablándole al oído. No se qué le dijo pero el pobre diablo comenzó a gritar como un poseso. Le decía a Silva que se iba a encargar personalmente de que ardiera en el infierno.- calló un instante, quizás los recuerdos le dolieran demasiado.- Nadie supo cómo hizo para sacar del sótano el bote de queroseno. Se guardaba bajo doble llave, para la calefacción, ya sabe. El tipo no era un forzudo pero el marco de la puerta estaba arrancado de cuajo. Heráclio dormía profundamente, estaba medicado. El infeliz loco aprovechó esa circunstancia para rociar su cama y todo el cuarto. Cuando cundió la alarma ya era tarde para Heráclio.

  • Y ese hombre, su compañero… ¿Cree que aún vivirá?

  • Al día siguiente cuando los demás internos supieron de la muerte de Silva, se armó una especie de levantamiento. Aunque le cueste creerlo, mi amigo tenía leales adeptos dentro de ese centro. Era muy popular y respetado hasta por los más peligrosos.- Estas últimas frases fueron pronunciadas casi con orgullo por el anciano.- Se formó una algarada que tuvo como resultado que tres de los más peligrosos fueran trasladados a aislamiento. Allí estaba el pirómano. Lo mataron en las duchas, a golpes.

  • Entonces, ¿No existe ninguna duda acerca de la identidad del hombre que murió abrasado?

  • Dígale a… su cliente, que no debe temer nada de los muertos. Que el hombre, que tanto le atemoriza, lleva difunto ya más de veinte años. Tendrán que seguir otra pista.

  • Realmente esa es también mi opinión. Pero comprenda que tenía que descartar esa posibilidad por descabellada que parezca, ¿no le parece?

  • Escuche, soy un pobre viejo con pocas ganas de hablar y casi nada que contar. Estoy agotado. Esta conversación me ha traído recuerdos tristes y muy dolorosos para mí. Creo que ha llegado la hora de que se retire.

 

Pau Gilabert comprendió que el anciano fraile no iba a contarle nada más, al menos en aquella ocasión. Decidió que volvería más adelante para intentar que le aclarara un poco más la personalidad del psicópata.

Observó que el hombre abría el libro que sostenía entre las manos, decidido a ignorar desde aquel mismo instante su presencia. Optó por levantarse y cuando ya se dirigía hacia la puerta, escuchó la voz de Angulo:

 

  • ¡Ah! Y por favor, no olvide presentarle mis respetos a la pequeña Lolita. Porque ese es el nombre de su cliente, ¿verdad? Dolores Marco. Tengo noticias de que decidió cambiarse los apellidos. Su padre se hubiera sentido muy decepcionado por ello.

  • ¿Conoció usted a la señora Marco en el pasado?

  • Por supuesto. Era la hija de mi mejor amigo. Su única y muy querida hijita.- prosiguió en un tono que desagradó al detective.- Heraclio la quería de una forma apasionada. Excesivamente apasionada a los ojos de los profanos.

  • ¿Qué está insinuando?- Gilabert adivinó que estaba a punto de obtener una información que no había pedido y que no estaba seguro de querer conocer.

  • Supongo que ella no le habrá contado nada. Después del escándalo debió haberse sentido sucia y despreciable.- continuó en tono malicioso.

  • ¿Por qué?

  • ¿Y por qué no se lo pregunta a su cliente? ¿O quiere hacerme creer que no es la propia Dolores quien le ha contratado y le ha conducido hasta mí?

  • He llegado hasta usted a través de una persona con la que mantuvo correspondencia durante mucho tiempo.

  • ¡La señora Arnau! Esa histérica me acosó año tras año buscando una respuesta que yo no podía darle.

  • No creo que eso vuelva a suceder. Se quedó muy conmocionada tras la última misiva que usted tuvo a bien mandarle.

  • A veces hay que ser grotescamente maleducado para que algunas personas comprendan que están abusando de tu paciencia.

 

Angulo se incorporó con dificultad mostrando sus facciones al descubierto. Pau pensó que, a pesar de su aparente fragilidad y de lo avanzado de su edad, había algo extraordinariamente turbador en el rostro escueto de su interlocutor.

 

  • ¿Por qué no regresa en otra ocasión? Conversar con usted me ha hecho evocar recuerdos de una etapa de mi vida que añoro con frecuencia.

  • ¿Añora su relación con el señor Silva?

  • No debe olvidar que era mi amigo desde la adolescencia. Compartimos infinidad de vivencias. Con el tiempo, yo decidí seguir mi vocación, pero siempre estuvimos en contacto. No hubiera sido un leal compañero si no le hubiera acompañado también en su desgracia a causa de la enfermedad que sin duda le atrapó y le transformó en el monstruo que todos los demás pudieron conocer.

  • Supongo que eso le honra.- dijo con acento dubitativo Gilabert.- Presiento que esta no será la última vez que nos veamos.

 

 

 

 

 

 

                                                                          CAPÍTULO OCTAVO

 

 

Jorge y Pau, intercambiaron un torrente de impresiones en su regreso a Barcelona. Sempere había aprovechado el tiempo de espera para pedirle al simpático monje que le enseñara la Cartuja y, de este modo, sonsacarle algo de información. El hombre había resultado un tipo locuaz y muy afable, encantado con la oportunidad de romper un poco con su rutina y conversar con seres humanos desconocidos, para variar:

 

  • ¿Sabe? Yo he aprendido a cogerle un gran afecto al hermano Angulo. Me alegro de que disfrute de una visita que le proporcione un poco de distracción.

  • ¿Hace mucho que están juntos?

  • Hará unos veinte años que Federico tomó la decisión de ingresar en la orden, pero la mayor parte de este tiempo la dedicó al estudio y a escribir.- Sonrió a Sempere y añadió.- Yo soy un hombre sencillo, de campo. Nunca he estado capacitado para las cosas intelectuales. Por eso nuestro trato fue superficial durante la mayor parte de estos años. Pero hace unos meses me encomendaron su cuidado. Esto me concedió la oportunidad de conocerle bien y de poder brindarle mi admiración y mi respeto.

  • Hay algo que me llama la atención. Tenía entendido que su vocación religiosa se había despertado muchos años antes y no hace veinte como usted me ha contado.

  • Y así es, en efecto. Hasta donde yo se estuvo en la guerra siendo muy joven y sufrió unas terribles heridas que le obligaron a retirarse de la carrera militar que era, por aquella época, su primera opción. Así que cursó estudios en el seminario y se ordenó sacerdote. - Hizo un silencio para anunciar que venía algo interesante.- Durante muchos años desarrolló su ministerio con unos valores que solo pueden ser atribuidos a un santo. Pero por sorpresa, decidió cambiar unos hábitos por otros y dedicarse al estudio y la vida contemplativa. Se lo había ganado.¿No le parece?

  • ¿Por qué lo compara con un santo?

  • Desarrollaba una tarea ingrata y que no siempre fue bien interpretada.

  • ¿Cuál?

  • Algunas personas nacen con la marca de Caín. Ya sabe, son asesinos natos. Federico se encargaba de intentar recuperar las almas de estos pobres infelices. Frecuentaba las cárceles para ofrecer su apoyo a los criminales más crueles y sanguinarios. Hubo quien juzgaba que sus esfuerzos no merecían la pena. Que no se debía desperdiciar el tiempo y la energía con seres tan depravados. Pero él se mantuvo firme en sus convicciones y no cejó en su empeño.

  • Y si sus convicciones eran tan firmes… ¿Por qué abandonó esa labor para convertirse en cartujo?

  • La verdad es que desconozco sus motivos. Una vez me comentó que yo no podía imaginar ni remotamente, las perversiones a las que son capaces de llegar los seres humanos. Quizás ya no pudo soportar tanto horror.

  • Puede ser.

  • La verdad es que yo he intimado con él en el peor momento.

  • ¿Por qué dice eso?

  • El pobre Federico está muy enfermo. Su vida está llegando al final del camino.

  • ¿Cómo es eso?

  • Hace poco menos de un año, empezó a tener un comportamiento extraño, muy agresivo. Además decía que escuchaba voces e incluso, comenzó a tener alucinaciones.- con tono abrumado continuó.- Le diagnosticaron un tumor cerebral inoperable. Sus facultades están cada día mas disminuidas. Por eso le cuido yo.

  • Es una lástima. Pero seguro que le reconfortan sus atenciones.

  • ¡Oh, ya lo creo! Procuro complacerle en todos sus caprichos.- se aproximó a Sempere y le dijo más bajito.- Ahora se le ha metido en la cabeza arreglar sus asuntos. Debo confesarle que he infringido ya en varias ocasiones las normas de la congregación.

  • ¡No me diga! ¿Cómo es eso?

  • Pues llevándole a escondidas a realizar algunas gestiones y a hacer algunas visitas. Creo que tiene derecho a despedirse en condiciones y quedar en paz con su conciencia.

  • ¡Claro que sí! Y… ¿Dónde lo ha llevado?

  • Me parece que eso es demasiado personal, ¿no? - le miró suspicazmente.- Son recados breves e inocentes: notarios, amigos, asuntos de familia.

 

Gilabert escuchaba encantado el relato de la conversación que su amigo le hacía. Luego le comentó la entrevista con Angulo, e hizo hincapié en algo que le había dejado perplejo:

  • Angulo sabe perfectamente quien es nuestra clienta.

  • ¿Te nombró a Dolores Marco?

  • No solo me la nombró sino que me hizo una insinuación que me desconcertó bastante. Me dijo que Silva y su hija se querían de una forma “excesiva”.

  • ¿Estamos hablando de incesto?

  • Es posible. ¿ Sabes?, desde el principio sospeché que el motor de esta investigación estaba en un terrible trauma infantil. Pero claro, vivir con un asesino en serie o descubrir que se ha convivido con uno es, de por sí, un factor desestabilizador importante. Si además hubo abusos o algo así…imagínate.

  • ¿Y que te ha parecido Angulo?

  • Un viejo siniestro, sin lugar a dudas. Claro que sabiendo lo de su enfermedad se hace más comprensible su extraño comportamiento.

  • ¿Cuál va a ser nuestro siguiente paso? - Gilabert mantenía la mirada clavada en la carretera. Antes de contestar se tomó su tiempo.

  • Tener una larga y desagradable charla con Dolores Marco y con su madre. La verdad, estoy empezando a dudar seriamente de que tengamos un caso real. La idea de que todo esto se trata en algún trastorno estilo “histeria colectiva” se está fortaleciendo en mi mente.

  • ¿Dos mujeres trastornadas por el pasado que reinventan un fantasma?, ¿Y qué me dices de las amenazas telefónicas?

  • Aún no se qué pensar de todo esto. !Es tan retorcido!

 

Pero cuando llegaron a Barcelona se encontraron a una Marga alteradísima que les cayó encima antes de que pudieran deshacerse de sus abrigos:

 

  • Tengo algo muy raro que contaros.- Hablaba atropelladamente gesticulando con las manos.- No te enfades conmigo tito pero tomé la iniciativa de telefonear a la señora Marco esta mañana y explicarle que íbamos a necesitar dinero para las averiguaciones.

  • Te dije que lo haría yo personalmente.- Refunfuñó Gilabert con escasa convicción.

  • No riñas a la chica.- Intercedió Sempere.- Si toma iniciativas en cuestiones económicas, sobradas razones tiene. Gracias a su sensatez y a sus iniciativas has podido mantener tu negocio abierto en más de una ocasión.

  • Pues bien,- prosiguió Marga sin prestarles atención.- Su secretaria me explicó que había acudido a hablar con la policía.

  • ¿Por qué motivo?

  • Lo que pude sonsacarle a la secretaria fue que al parecer, la madre de una de sus defendidas había aparecido brutalmente asesinada. Utilicé todo mi encanto personal y conseguí sonsacarle algunos detalles que van a dejaros boquiabiertos.

  • ¡Habla de una vez! - Explotó su padrino con impaciencia.

  • Dolores Marco se está encargando de un caso de abusos infantiles sobre una menor discapacitada. El padrastro de la niña continúa en prisión preventiva pero la madre había salido en libertad con cargos, en espera de juicio. Ayer por la noche una vecina encontró la puerta de su domicilio abierta y cuando llamó, nadie contestaba. Así que entró y descubrió el cadáver.- les miró con suspense y añadió.- A la mujer le habían arrancado la cabellera y le habían cortado la lengua. Pero lo que más me ha conmocionado es lo que sigue.

  • ¿El qué? - gritó casi histérico el detective.

  • Alguien le había atravesado el corazón con una aguja de hacer media. Prendida de este improvisado broche había una nota con unos versos manuscritos en una lengua extraña.

  • ¡Heráclio Silva!.- El nombre nació de la boca de Sempere y sonó con una contundencia lapidaria.

  • O alguien que se empeña en hacer creer que sigue vivo.- rectificó Gilabert.

  • También podría ser un imitador. Los asesinos en serie provocan efectos de mimetismo en el “modus operandis” de otros asesinos.- Apuntó Marga

  • Pero hay algo que no podemos pasar por alto.- sentenció Pau.- y es la relación de Dolores Marco con este caso. Y eso, en ningún caso puede tratarse de una coincidencia.

  • No desde luego.- concedió Sempere.

  • Hay algo más.- Marga sonreía enigmáticamente.

  • ¿Has tomado alguna otra iniciativa?

  • Pues…si. Al comprender que esto iba a retrasar lo de conseguir el dinero para el enfermero, decidí llamarlo y explicarle que la revista para la que trabajamos necesita pruebas de que esos informes existen antes de desembolsarle ninguna cantidad.

  • ¿Y qué te contestó ese canalla?

  • Me dijo que estaba dispuesto a que echáramos una ojeada a parte de esos informes. Pero que no nos dejaría verlos en su totalidad sin la pasta por delante. También insistió en que eran muy, muy interesantes y que seguro, valoraríamos su interés en el precio adecuado. He quedado con él para tomar café y ver qué podía enseñarnos de momento.

  • Jordi te acompañará. Yo debo ir a hablar con la señora Marco, pero antes le haré una visita sorpresa a su madre.

  • ¿Por qué vas a ir a ver a la señora Sopesens?

  • Creo que ha llegado el momento de que, si ambas quieren que la investigación continúe, se quiten las caretas y sepamos de qué estamos hablando exactamente. Quiero cogerla desprevenida. Cuando la visité me pareció una mujer accesible aunque atemorizada por la opinión de su hija. Está claro que le gusta beber y eso ayuda a soltar la lengua. Puede que le acepte una copita esta tarde.

  • Entonces… ¿tenemos caso? - preguntó Sempere

  • Aún no estoy seguro. Pero está claro, que de algún modo, aquí hay un misterio que desentrañar.

  • Claro, el misterio de quién nos va a pagar las facturas este mes.- apuntilló irónica Marga.

  • No nos dejemos arrastrar por el desaliento materialista. Tenemos pendiente de cobrar ese asunto de la herencia de los Gutiérrez y el del divorcio que dejamos resuelto el mes pasado. Intentaremos cobrarlos esta semana. Aún podemos investigar un poco más de tiempo solo por el placer de saciar nuestra curiosidad.

 

Comieron y charlaron compartiendo toda la información que poseían. Más tarde, en “Les Quatre Cats”, Marga y Sempere se reunieron con el enfermero del psiquiátrico. El gordo anfetamínico devoraba con la mirada a Marga, pero eso no le impedía expresarse en términos comerciales.

 

  • Si quieren saber cuál era la verdadera personalidad de Heráclio Silva necesitan mis informes. Hablamos de mil seiscientos euros.

  • Está loco si cree que la revista le va a pagar tanto por esa información. Además, parte de lo que usted nos ofrece lo hemos averiguado por nuestros propios medios.- explicó Marga.- Sabemos ya quien era ese amigo de Silva de quien nos habló.

  • ¡Ah!, ¿de verdad?- sonrió estúpidamente Montalbán.- Si no leen esto no saben nada de nada.

  • Tendrá que mostrarnos parte del material si quiere que haya trato.- aclaró Jorge Sempere.

  • Vale, les he fotocopiado los informes redactados el último mes, antes de su muerte. El psiquiatra que los escribió desapareció poco después. Y tras su desaparición, también se volatizaron los informes.

  • ¿Y cómo los tiene usted?

  • Soy un tipo listo señorita. Intuí que, tratándose de un caso tan popular, estos papeles podrían valer algún dinero e hice unas copias antes de que se traspapelaran. Pero hasta ahora no les había sacado ningún provecho. Lo mismo hice con el diario y los apuntes personales de Silva. Me mandaron destruirlos pero decidí quedarme con ellos. Los informes se los regalo pero si quieren lo demás deberán pagarme lo acordado.

  • Mil euros y no se hable más.

 

El tipo sudaba con gesto contrariado y nervioso. Resopló y dijo:

 

  • Está bien. Mañana a la misma hora. Tú trae la pasta preciosa. Yo te traeré el material para un reportaje que no vas a olvidar en toda tu vida.

 

Gilabert decidió pasar por la comisaría central antes de visitar a la señora Sopesens. A pesar del tiempo transcurrido desde que abandonó el cuerpo, todavía conservaba al menos un par de amigos con los que solía intercambiar información sobre sus casos. Por lo general se trataba de asuntos sencillos, sin implicaciones criminales más allá de la estafa o el fraude. Delitos económicos o de espionaje industrial. Incluso un caso de secuestro en las persona de un joven que había sufrido un lavado de cerebro por parte de una secta. Eran los temas por los que a menudo, venía a charlar con sus antiguos colegas en busca de pistas que le ayudaran a su resolución.

Pero esta era la primera vez que acudía a ellos a recabar datos sobre un asesinato. El inspector Barceló le recibió en la asfixiante y sórdida habitación que denominaba su “despacho”. Y regalándole con el maravilloso mejunje laxante que salía de la máquina del café, le comentó algunos detalles:

 

  • La mujer no había sufrido abusos sexuales. El forense ha detectado un potente barbitúrico en sangre por lo que deducimos que no estaba consciente cuando sufrió las mutilaciones. Se trata de un anestésico común, utilizado en cirugía con frecuencia. Lo que si puedo decirte es que estaba viva cuando le arrancaron la lengua y le hicieron todo lo demás.

  • ¿Cuál fue la causa de su muerte?

  • Parada cardiaca. Sin duda originada por la larga aguja que le clavaron en el corazón. Oye, si sabes algo ya estás largando porque esta historia nos tiene totalmente desconcertados. No hay huellas, no hay sospechosos, ni un indicio que apunte en alguna dirección útil. Si el marido estuviera libre sería nuestro sospechoso número uno. ¿Por qué te interesa esta historia?

  • Sabes que me debo a la confidencialidad para con mis clientes, no obstante puedo adelantarte que se trata de un hecho que solo afecta colateralmente a mi investigación. Te prometo que de descubrir algo que ayudara a resolver este crimen, te lo comunicaría de inmediato.

 

Barceló lo miró con desconfiada ironía. Apreciaba a este hombre que sin embargo, no era popular en el cuerpo. Tenía fama de lunático y era sospechoso de un comportamiento ácrata tanto en lo personal como en lo profesional. Pero durante el tiempo que había estado en el cuerpo había resuelto con éxito delitos especialmente enrevesados. Sabía que tenía un olfato natural para este trabajo y no acababa de comprender los motivos de índole personal que le habían inducido a cambiar de ocupación. Le tenía un profundo afecto y admiración, y no dudaba, que de obtener pistas sobre el crimen, le proporcionaría los datos en el momento oportuno.

 

  • ¿Por qué habéis llamado a declarar a la abogada Dolores Marco? Se que lleva el caso de malos tratos en el que estaba implicada la fallecida pero no alcanzo a comprender el interés de su declaración.

  • ¿No lo sabes? Esa tía tan buena era la abogada de la víctima.

  • Espera, espera. Hasta donde yo se, defendía los intereses de su hija Vanesa. Sobre la muerta y su marido recaen unas graves acusaciones y es a la niña a quien la señora Marco representa.

  • Pues en algún momento decidió representar a la madre. Nosotros no la llamamos a declarar. Ella se presentó aquí argumentando que la fallecida era su cliente y parecía trastornada por lo sucedido. ¿La conoces? ¡Está de muerte! No veas cómo me pone esa mujer.

  • He oído que el presunto asesino dejó una nota prendida con la aguja, ¿es cierto?

  • Pareces saber bastante sobre este tema. ¿Te sorprendería si te dijera que lo que encontramos fue una especie de galimatías incomprensible?

  • En absoluto. Incluso me atrevería a señalar que estaba escrito en alguna lengua de la antigüedad, ¿no es así?, ¿Habéis podido traducirlo?

  • En ello andamos. Como supongo que no desconocerás no se trata de un idioma común. Está en manos de expertos en estos momentos. Espero tener en breve los resultados.- y con una sonrisa congelada añadió:- ¿Me equivoco si espero que me pidas que te comunique el resultado de la traducción?

  • Te quedaré eternamente agradecido.

 

El inspector trató de gestar una expresión de camaradería, pero Gilabert comprendió que no le hacía ninguna gracia su intromisión en el caso. Se despidieron con el compromiso de seguir en contacto y el detective se encaminó a casa de la esposa de Heráclio Silva.

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