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NI PUÑOS NI CARETAS

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Los puños los carga el diablo, como las armas. Y esos puños en alto, que los socialistas exhibieron desafiantes en su día tratándole de hacer un guño a la clase trabajadora, nos enseñan ahora la verdadera carga que escondían. Caretas fuera. El neoliberalismo cabalga por las venas socialistas que han desplazado convenientemente el corazón a su diestra para impedir que cualquier inclinación obrerista pueda fraguarse en su cerebro. La derecha oficial no ha ocultado nunca sus tendencias sodomitas hacia los asalariados pero, viene a resultar, que lo único que diferencia al PSOE a la hora de compartir esta perversión es que a los segundos les gusta usar lubricante para que el trance resulte menos doloroso. Alargar la edad de jubilación hasta los 67 años. en un país en el que los banqueros y especuladores responsables de la crisis se retiran con pensiones millonarias y limpios de polvo y paja, es algo más que una bofetada en plena cara de la lucha por los derechos laborales. Es un puñetazo directo a nuestra dignidad. El símbolo de la lucha obrera que usurparon para conseguir los votos de la izquierda, sirve ahora para golpearnos con dureza y sacarnos del ensueño de un gobierno comprometido con los trabajadores. Es una provocación. Y como tal debemos entenderla para dar una respuesta contundente a su traición. Retrocedan o no en esta propuesta, el simple hecho de plantearla supone una declaración de intenciones en cuanto a su alineación en política económica. Cerrando filas con Bruselas y entregándonos en sacrificio al dios del crecimiento ilimitado. El mercado laboral tiene vocación de convertirse en mercado de esclavos. Y no se a ustedes, pero a mí, siempre me han producido urticaria las cadenas.

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