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BASURA PARA EL PUEBLO

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La polémica sobre la ubicación de los cementerios nucleares divide a la sociedad acerca de un modelo de energía que cuenta con muchos conversos entre quienes lo defienden. Si hace unos años parecía que la tendencia iba a ser fomentar el uso de energías renovables y reducir los reactores nucleares, ahora se escuchan voces favorables a multiplicar el número de centrales en nuestro territorio. La crisis económica ha reforzado la línea argumental de los pro-nucleares que prometen prosperidad y trabajo a los pueblos que accedan a enterrar los residuos bajo su suelo. Pero existe otra lectura, bastante menos populista, que mueve a muchos de los defensores de esta materia. Mª Teresa Domínguez (presidenta del Foro de la Industria Nuclear) lo explicó con un claridad meridiana: "La implantación de diez nuevas centrales hasta 2030 inyectaría 19,7 millones de euros al sector de la construcción" Otra vez el cártel del ladrillo que, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, necesita nuevos proyectos para satisfacer su naturaleza depredadora. Pero lejos de causar indignación, sus palabras animan a personajes como el presidente de la CEOE, ese empresario de reconocida honestidad y clarividencia en los negocios, y a la domesticada clase sindical que tiene a bien representarnos a reclamar un debate sobre la cuestión. De nada sirven las alertas de seguridad que provienen de fallos en centrales como Vandellós II o Ascó. Si miramos a Europa nos encontramos con que en Francia, la ciudadanía se resiste con uñas y dientes a acoger cementerios nucleares en sus municipios. Y en Austria, desde 1999, su constitución recoge el abandono de la energía nuclear. Una tendencia que se ha convertido en doctrina y ha propiciado que, antiguas centrales, se cubran ahora por paneles solares. Pero en nuestro país preferimos escuchar los cantos de sirenas que nos embaucan haciéndonos creer que nuestro futuro pasa por enterrar, no solo la peligrosísima basura nuclear bajo nuestros pies, sino también todas las esperanzas de explorar otros tipos de energía. Se nos aconseja que seamos agradecidos por la letal ponzoña que, como si se tratara de un regalo que despejará todas las incertidumbres laborales del populacho, nos ofrecen con samaritana displicencia. Discúlpenme porque mi educación me impide señalarles por donde se pueden introcucir esta bazofia.

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