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LA MARCHA CONTRA LA VERGÜENZA

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Es verdad que España no es un país de xenófobos. Más bien lo es de pauperrimofóbicos. Aquí no se discrimina el color de la piel. Cualquier futbolista negro como la noche o un jeque árabe, gozarán de la admiración y el besamanos de la ciudadanía sin que su raza o procedencia enturbien el entusiasmo del peloteo colectivo. Aquí, el único color que parece importarnos es el color del dinero. Por eso vamos a reformar la ley de extranjería, para que no nos ofenda la pobreza de quienes arriban a estas tierras con la insolente prestensión de sobrevivir. Para éstos no hay alfombras rojas. Para ellos nos hemos inventado la directiva europea de la vergüenza. Para restringir su libertad de movimientos y la reagrupación familiar. Para ellos, los centros de internamiento donde pueden ser retenidos indefinidamente aunque no hayan cometido delito alguno. Y para los que desafíen al sistema tendiéndoles la mano, hasta diez mil euros de multa. Porque ser solidario con los que más lo necesitan ha de convertirse en algo punible para no alentar a la población a ayudar a estos parias de la tierra. Y es tan grande el miedo al contagio de su miseria que la alarma social provoca que un gobierno que se define de izquierdas, ceda a esta aprensión popular y saque adelante la ley. En estos días, se desarrolla una marcha contra la reforma que cruzará por nuestro territorio aragonés el día siete de octubre. Si nos queda un poco de pudor, muchos de nosotros saldremos a arroparla. Si no lo hacemos, quizás algún día se nos caiga la cara de vergüenza.

Publicado en Público el 7 de octubre del 2009

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