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EL SEXO ES COSA DE HOMBRES

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Ojiplática me he quedado cuando he leído lo que la periodista Isabel San Sebastián escribe en su columna de El Mundo. Según esta señora, la píldora poscoital proporciona una coartada impagable a los hombres, liberándolos de su responsabilidad. "Ellos se divierten y se desentienden". De la lectura de este artículo se extraé, inevitablemente, la conclusión de que las mujeres no gozamos del sexo. De que nos sometemos a él con el único fin de complacer a nuestros libidinosos machos. Inmediatamente, se me plantea una crisis de identidad sexual. Puesto que me gusta el sexo, y disfruto de su ejercicio cuando puedo... ¿Seré un ser anómalo en mi género? ¿Responderá mi aparente desviación a alguna suerte de broma genética que me hace gozar, cuando por lo visto debería padecer, las mieles del coito?

 

Las mujeres llevamos decadas peleándonos nuestra libertad sexual. Los anticonceptivos o la píldora poscoital son mecanismos en nuestras manos que, siempre acompañados de exahustiva formación sobre su uso, nos ayudan en este camino. Al alejar la incertidumbre sobre un embarazo no deseado, la mujer se equipara con su compañero para poder explorar su sexualidad sin temores. Siento auténtica compasión por las señoras como San Sebastián que, atenazadas por una represión propia de otro tiempo, se pierden los placeres que te puede dar un buen revolcón.

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