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SANGUINARIOS POR AMOR

20090513213148-otelo.jpg"Los celos, no son del todo ilícitos". Y quién así argumenta para justificar su indulgencia con los asesinos y maltratadores de mujeres no es Otelo, en el marco de su tragedia shakespereana, sino la mismísima Corte Suprema italiana. Según el Tribunal, los celos como móvil atenuante, pertenecen a la conciencia colectiva del pueblo italiano y siguiendo esta corriente cultural sientan jurisprudencia. Esto es posible en un país donde los partidos políticos, salvo tímidas protestas, no plantan cara a este desvarío institucional; Donde la imagen mediática de la mujer se reduce a un elemento decorativo para deleite del macho, auténtico ombligo de la creación, cosificándola hasta vaciarla de otros valores; Donde los medios de comunicación evitan hablar del maltrato y el propio Presidente va proponiendo impúdicos toqueteos a las señoras en tono jocoso y distendido. Si terrible me parece que esa "conciencia colectiva" de los italianos les impida reconocer que quién ama jamás mata impulsado por los celos o por cualquier otro motivo, mucho peor es el hecho de que, quienes tienen la potestad y el deber de proteger a toda la ciudadanía, no estén dispuestos a poner en marcha mecanismos que reeduquen a la población de este aparente machismo endémico. La Justicia italiana, con esta interpretación medieval del sentimiento popular, colabora en mantener a la mujer condenada a ser la propiedad, y no la compañera, de sus supuestos amantes. Aquellos que, movidos por la "locura pasional", se sienten con derecho sobre la vida y la muerte de sus parejas. Sanguinarios asesinos que, ahora además, pueden planear sus crímenes amparándose en la coartada del amor que les proporcionan las leyes italianas.

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