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LA LEPRA DEL PARO

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Mientras las bolsas se desploman y los planes de rescate financieros fracasan, empezamos a escuchar voces que apuntan a la urgente necesidad de nacionalizar la banca antes que todo el sistema estalle por los aires. De momento, la onda expansiva de esta crisis ha volatizado una cuarta parte de la riqueza mundial. Y la consecuencia inmediata es la quiebra de muchas empresas y la sangrante pérdida de puestos de trabajo. La lepra del paro se extiende por el mundo convirtiendo en miseria, desesperación y exclusión social todo lo que toca. Son tiempos difíciles que dan lugar a nacionalismos y xenofobias. Una étapa en la que, de imperar la filosofía del sálvese quién pueda, la solidaridad entre los pueblos, la supervivencia de éstos realmente, se verá seriamente amenazada. La violencia extrema que sufren los desempleados puede derrocar gobiernos, pero también puede cometer grandes torpezas e injusticias. La enfermedad se extiende infectando de rabia a las principales víctimas de esta crisis. Habrá que aprender a canalizarla. A buscar un cambio, no solo económico, sino de los valores que nos han conducido hasta aquí y que, de no hacer una reflexiva autocrítica, somos susceptibles de repetir. A los parados, la solidaridad del resto de la clase obrera. Para combatir la epidemia la sociedad debe aliarse y cerrar filas con los eslabones rotos. Hay que evitar la segregación social de los más desprotegidos. Combatir hombro con hombro, obreros y parados, emigrantes y mujeres. Y tener clara conciencia de que el enemigo viste de Armani, cobra primas millonarias y nunca se subiría a una patera. Quizás entonces salgamos reforzados de esta crisis hacia un futuro de auténtico progreso y de justicia.

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