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MALDUCADOS

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 Mientras el Tribunal Superior delibera sobre el derecho a la objeción a la asignatura "Educación para la Ciudadanía", yo me pregunto: ¿Puede una servidora objetar a los derechos humanos, al respeto al prójimo, a la diversidad, y a la convivencia pacífica sin asumir responsabilidades sobre mis actos? Creo que no. Porque son valores, que aunque se vulneran a diario, nadie osaría objetar en nombre propio. No sería lo políticamente correcto. Sin embargo, con respecto a la educación de nuestros hijos en los mismos principios, se ha generado una cruzada en contra que cada vez adquiere tintes más histéricos y perogrullescos. ¿Qué les asusta a estos padres? Quizás su temor nazca de una mezcla entre la ignorancia sobre la asignatura en sí y el integrismo con el que son liderados por los sectores más reaccionarios de la derecha y la Iglesia Católica. ¿Acaso temen, que los sólidos valores que transmiten a sus vástagos no lo sean tanto?, ¿que el hecho de enseñarles a aceptar que debemos vivir juntos, aunque seamos diferentes, les induzca a convertirse en un futuro en terroríficos ciudanos respetuosos con los demás?, ¿que antepongan la concordia y el diálogo a la cultura del garrote?, ¿que si respetan a los homosexuales, acabarán bailando subidos en una carroza el día del orgullo gay?, y si así fuera, ¿dejarían de quererlos por eso? Se me amontonan las paletadas de preguntas. Pero considero, que educar en la tolerancia, no debería ser percibido como un peligro para nadie. Y tengo la seguridad que, de no hacerlo, las siguientes generaciones producirán más ciudadanos maleducados y cobardes. Legítimos descendientes de los que, desde el principio del mundo, han combatido con fuego su temor a la libertad

Publicado en diario Público el 29 de enero del 2009 y en El Periódico de Aragón el 1 de febrero

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