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LICENCIA PARA MORIR

 
Eluana lleva diecisiete años en estado vegetativo. Unas máquinas mantienen su cuerpo vivo, aunque la situación de la joven es irreversible. Ella y su familia, permanecen amarrados a un cadáver al que solo las sondas y los aparatos proporcionan un hálito de vida. Una vida infrahumana, sin consciencia, indigna e impensable para una de nuestras mascotas. Cuánto no más, para un ser querido. Los que hemos vivido una experiencia similar con alguien cercano, entendemos la muerte como una liberación de la no-vida que supone la existencia en estas ciscunstancias. Pero Berlusconi, desoyendo al Tribunal Supremo Italiano, ha empleado la coacción con la clínica que iba a desconectarla, amenazándoles con suspender su contrato con la seguridad social. Por otro lado, ha vulnerado la decisión del mayor Tribunal del estado, inventándose una circular que prohibe la desconexión en todos los hospitales públicos y privados. Todo vale para este neocruzado de los valores vaticanos. El modelo de familia que defiende es capaz de engendrar monstruos que, atrincherados en su reaccionaria visión religiosa, condenan a un ser humano a una subvida contra natura, con el único propósito de reafirmarse más en su integrismo. Berlusconi, en su habitual línea fascistoide, no solo ningunea la legalidad de su país. Como un dios despiadado y caprichoso, decide negarle a Eluana la licencia para morir. Pero eso sí, fundamentando la sádica decisión en sus sólidos valores católicos.

Publicado en el Periódico de Aragón el 22 de enero del 2009

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