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LOS SHABBATS: HOLOCAUSTO

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  El shabbat, día de descanso obligatorio en la práctica de la religión judía, fué el día escogido por Israel para entrar a sangre y fuego en el bombardeado ghetto de Gaza. Yavé, parece decidido a hacer una salvedad con el sagrado precepto y permitir que los tanques y la infantería del "pueblo elegido" apliquen la "solución final" a sus enemigos. Ese mismo dios que les garantizó la tierra prometida, omitió que esa tierra tenía ya unos propietarios que, para cumplir escrupulosamente con los designios divinos, debían ser expoliados, confinados y masacrados. Como esas víctimas del maltrato que, incapaces de romper con la cadena de odio y de violencia, reproducen el comportamiento de sus agresores, Israel se ve poseida por el espíritu del nazismo y las delirantes razones que justificaron el holocausto de millones de personas. Mientras millares de judíos aprovecharon el "día del señor" para observar la ofensiva de su ejército como si  se tratara de un espectáculo lúdico-patriótico, del otro lado la muerte y la desolación nos arrojaban la vergüenza de nuestra pasividad a la cara.
"A quién siempre recuerde el pasado trágico, que le saquen un ojo. A quién lo olvide, que le saquen los dos" dice el Talmud. Y así parece ser. Amnésicos y con las cuencas vacías, los israelitas parecen decididos a olvidar un pasado en el que fueron las víctimas del horror y asumir ciegamente el papel de los verdugos. Pero el resto de los países, que también somos dados a padecer episodios de desmemoria oportunista, no somos menos responsables que el estado hebreo. El potencial financiero que supone la comunidad judía internacional es lo suficientemente coactivo como para actuar como un bálsamo sobre nuestras conciencias. Y así permanecemos todos, invidentes y desentrañados, ante la cólera vengadora (¿Y por qué no? convenientemente electoralista) que desata el poderoso Israel contra los indefensos palestinos. Olvidando también que, algunas veces, el terrorismo es la consecuencia lógica de la injusticia y la falta de futuro. El último recurso de quien ya no tiene nada que perder. 
 
 Publcado en El Heraldo de Aragón el 6 de enero del 2009

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