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RUIDO DE SABLES

Vivimos tiempos difíciles que, con toda seguridad, son susceptibles de empeorar aún más. Las inalterables realidades que sostenían el precario e injusto equilibrio mundial, se tambalean y amenazan derrumbe enseñándonos las tripas por sus profundas grietas. Las viejas consignas no sirven para frenar un desastre económico y social que se levanta, como un tsunami vengador, arrasando indiscriminadamente con cuanto se le ponga por delante. Sin embargo, los principales culpables de este caos, permanecen a salvo. Desde la inmunidad que les ofrece su fortaleza construida con dinero, perpetrarán mil y una maneras de prolongar la agonía del sistema para exprimir hasta la última gota de su sangre, de nuestra sangre. Porque toda la codicia y la soberbia que nos han conducido a esta situación ha sido edificada, sobre y a costa, de nuestras espaldas. Las resignadas espaldas de la clase obrera, sustento imprescindible para el vampírico banquete de los depredadores. A costa de la educación, de la sanidad, de la libertad informativa, del comercio justo, de nuestro sustento ecológico y, en definitiva, de todo aquello que es imprescindible para construir un futuro mejor. Empezamos a oir, tímidamente todavía, un rumor de sables que se cruzan. Revueltas estudiantiles que inquietan al poder porque no son capaces de prever su alcance y agitación confusa y sin rumbo en el mundo sindical. Pero enfrentarnos a esta nueva era supone reconocernos, entre todo este ejército de deseheredados, y entender. Entender que si alineamos nuestros sables contra el verdadero enemigo, podemos rodearlo. Porque somos muchos más y estamos hartos. Porque solo nosotros, tomando conciencia de nuestra importancia, podemos cambiar el rumbo de la historia para no permanecer, cautivos y desarmados, en las mismas manos que nos están robando la vida. Por eso espero que, ese lejano rumor, se transforme en un clamor que rodee todo el planeta y nos despierte del milenario letargo que nos ha conducido a esto. Si no es así, puede que estemos perdidos.

Publicado en El Periódico de Aragón el 23 de diciembre de 2.008 y en El País el 27 de diciembre de 2008

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