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A GOLPE DE INTEMPERIE

A golpe de intemperie,

mi corazón se fue quedando

marchito y arrugado.

Iniciado en la plaga del olvido,

fue achicando nostalgias y cadáveres

para no zozobrar

en ese vórtice maldito

donde solo habita el frío.

Me alcanzó la noche de los huesos.

Calaveras,

venerables e insolentes,

susurraban mi nombre.

Me ofrecían exorcismos de saldo

contra la pena negra y el mal de amores.

Sortilegios que anulan

el embrujo del canto de los ausentes.

Conjuros arrebatados

arañando los pétalos de la rosa de los vientos.

Acepté su dosis de narcóticos,

como buena yonqui,

y me entregué,

sumisa y resignada,

a la alucinación inducida desde el mismísimo infierno.

Y así conseguí paz,

por un buen rato.

30/11/2008 11:56 ana cuevas pascual #. poesía

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kuentoschinos

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