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VADE RETRO

Yo quiero apostatar de la Iglesia católica. No quiero seguir perteneciendo a un club que contraviene los reglamentos de su principal fundador.
Una sociedad cuyas jerarquías rara vez se posicionan de lado del humilde y el oprimido.
Con unos representantes, sus obispos, que esgrimen una doble moral decimonónica capaz de sobrellevar, con esquizofrénico ademán, la condena a la homosexualidad y las practicas de pederastia.
Una institución que no acepta que se saque a los muertos de la siniestra tumba que les preparó su asesino, aunque solo sea para darles “cristiana” sepultura.
Una organización que ha actuado sectariamente, y pretende seguir haciéndolo, sujetando con mano de hierro las riendas de la educación y la moral de este país.
Un lobby masculino que ha reprimido y satanizado a la mujer y que incluso, durante mucho tiempo, les ha negado hasta el alma.
Y ahora va la Justicia y me dice que no sirve de nada.
Que no me van a borrar de la lista por mucho que apostate o que blasfeme. Que la “Santa Madre Iglesia”, donde mis padres decidieron afiliarme sin preguntar mi opinión, tiene derecho a no darme de baja.
Tienen derecho a contarme entre sus acólitos, al menos numéricamente. A engrosar sus filas a la hora de recibir aportaciones económicas en base al número de socios que posee. A engordar las cifras para su propia conveniencia.
En ese caso ya me perdonarán, pero, ante tamaño atropello, no nos va a quedar más remedio que casarnos con alguien de nuestro mismo sexo, o algún anatema parecido, para que nos excomulguen por herejes y poder liberarnos de esta tiranía.

Publicado en diario PÚBLICO 3 de octubre de 2008
 

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